Este cuento supuso un cambio en la historia de todo un mundo, aunque muy pocos los supieron jamás. Como tantas y tantas historias, ésta pasaría a formar parte de la historia de ese mundo...

La Edad de los Hombres

La Leyenda del Sin Fin

(Y de Siglaia, la Trilliza)

 
     
     
 

Angelica se despertó al escupir una buena cantidad de agua. Un vómito que le salvó la vida. Estaba echada sobre un armazón de madera, con los pies aun en el agua, y con todo empapado. Levantó la cabeza aturdida, y frente a ella había un hombre que no había visto nunca. Ya no existía la tormenta. Hacía un día precioso y soleado. Era como volver a nacer, como si después de la muerte existiera algún tipo de paraíso, y allí hubiera ido a parar ella. Estaba sobre la cubierta de un barco zozobrado. En circunstancias normales, la cubierta de aquella nave habría estado varios metros sobre el nivel del mar, pero ahora estaba casi hundida. Era la parte de popa, y la de proa estaba prácticamente bajo el agua. A su alrededor, un mar tranquilo y apacible, irreconocible después de lo vivido. Más allá, una costa de sueño, una espesa selva y arrecifes prominentes. De allá provenía una singular música que le reconfortó... Diferentes instrumentos de cuerda y viento que ella no llegó a reconocer, una balada cálida, hermosa en aquel escenario de sueño...

- ¿Estás bien, mujer?- Dijo el hombre que la Capitana Black tenía delante. Habría dicho que vestía como cualquier otro rufián, salvo porque sus ropajes alguna vez habían sido buenos y caros, ahora raídos y demacrados. Un sombrero ancho demostraba categoría, y dos espadas al cinto, dispuestas a lo que se presentase.

Angelica, asintió, tratando de incorporarse.

- ¿Qué ha pasado? Lo último que recuerdo fue mi nave yéndose a pique...- Dijo ella.

Él se echó a reír. - Eldor el Torturado. Un condenado a mantenernos lejos de estas tierras... Pero descuida, ya somos dos. Ahora estás a bordo de mi barco, el Sin Fin, o lo que queda... Con él muere una leyenda.- Cayó un segundo a respirar.- Soy el Capitán Svenson. Bienvenida seas a las Islas de los Bardos.- E hizo una orgullosa reverencia con el sombrero.

Angelica reaccionó al instante echándose para atrás de tal manera que casi cae al agua. Se levantó y fue a buscar su sable, pero ya no estaba colgado a su cinto, ni vaina, ni nada de nada con lo que matar a aquel pirata mal nacido.

Éste, al verla, dio un paso levantando la mano en forma reconciliadora.- No temas... No te haré daño. No es verdad todo lo que se dice de mí...- Y se rió arrogante.

- Espera...- Increpó ella, no le quería más cerca de la cuenta.- ¿Cómo he llegado hasta aquí? No puede ser... Lo último que recuerdo es aquella tormenta odiosa...

- Yo tampoco me lo explico, preciosa, simplemente has llegado con la marea. Las olas te trajeron hace un rato, y por fin has despertado.

- ¡Pero yo venía buscándote! ¡He navegado desde el Atolón, he cruzado los Mares de Eldor, he perdido mi barco y a mi tripulación, para encontrarte! ¡Y no sé cómo pero he sobrevivido a todo eso, así que te daré muerte aquí y ahora!

El Capitán Svenson se echó a reír como nunca antes lo había hecho.- ¿Y cómo piensas matarme? Has perdido tu espada en la tormenta...- Y su risa continuó tras sus palabras.

Angelica, decidida, dio un paso, y otro y otro. En su rostro se dibujaba tal expresión de ira contenida, de ansia por matar a aquel hombre, que él calló y retrocedió sobre el armazón del Sin Fin naufragado.

Svenson levantó una mano.- Espera, espera... Esto no tiene sentido, ¿no crees? No vas armada, y yo no quiero matarte...- Desenfundó sus dos espadas con soltura.- Aun no me has dado ninguna razón para hacerlo...- Ella continuó avanzando a manos desnudas.- Dime, ¿cuál es tu razón para matarme?- Dijo Svenson.- Ni siquiera sé tu nombre.- Y se encogió de hombros sonriendo irónico.

Ella llegó frente a él, aun muy seria, y se detuvo a escasas pulgadas de sus espadas.- Soy Angelica Black, Capitana de la Rosa de los Vientos. Tú mataste al Capitán de la Piedra, y he venido a vengar su muerte.- Y le propinó tal puñetazo que hizo que Svenson cayera al agua. Angelica, decidida, se tiró detrás. Si no tenía un arma afilada para matarle, usaría sus propias manos.

 
Extraído de La Leyenda del Sin Fin

Memorias Olvidadas

Darka Treake

 

Kelpie, la Dama del Amanecer
(Y de Alaia, la Trilliza)
Memorias Olvidadas
Darka Treake
2007
 

 

   

   
 
La Leyenda del Sin Fin
(Y de Siglaia, la Trilliza)
 

Este cuento aun no está disponible para su lectura

 

 

La Leyenda del Sin Fin es un cuento que me gusta porque ha resultado ser muy importante para Mi Mundo, pues en él se habla de Siglaia, la Trilliza. Este cuento se sitúa justo antes del Cuento del Dragón y la Sirena.

 

 

 

     
Mi Blog | Fuentes | E-mail me
Volver al Inicio
Creative Commons License