Los Dioses fueron los primeros en llegar al Mundo, y ya ellos se creyeron sus dueños, por lo cual se lo disputaron, pero a punto de destruirlo, decidieron cedérselo a los mortales...

Las Edades de Mi Mundo

Las Guerras de la Luna:

La Edad de los Elfos

 
     
     
 
 
 

Los Días Antiguos - Época desconocida

 

 Las Guerras de los Dioses...

La Batalla del Juicio

Final de la Edad de los Dioses y comienzo de la Edad de los Elfos

 
 

En algún momento, los Dioses comenzarían a luchar entre sí con una rabia y un ansia tan brutales, que lo destrozarían todo, terminando por dejar al Mundo en forma plana, cuando había sido esférico. Todo esto fue relatado en la forma de un pedazo de cuento, aquel que llamaron Un Atimo...

Al terminar estas guerras, el mundo había quedado dividido en dos caras, una dominada por los Dioses Buenos, a la que llamaron Mawol, y otra dominada por los Dioses Malos, a la que éstos llamarían La Tierra de Orloog, pero que más tarde sería conocida como la Tierra de los Dioses. A la última batalla, en que se dio por terminada la brutal guerra, se la llamó la Batalla del Juicio, cuando los Dioses Buenos invadieron la Tierra de Orloog en un deseo de tranquilidad y armonía conmensuradas... Entonces fue cuando los Dioses Buenos fueron expulsados de Mawol, y exiliados debieron sufrir el castigo de convivir con los Dioses Malos, dejando ese Lado del Mundo para los Mortales, con la esperanza de que ellos, al no ser tan poderosos, supieran cuidarlo... Tan sólo Dianae, Diosa de la Vida y la Naturaleza, y el Dios del Recuerdo, quedaron en Mawol. Ella convertida en el Árbol-Dios, alrededor del que creció un bosque mágico; y él, castigado a vivir en la isla que flota entre las montañas...

Más tarde, sería comprobado que los frutos son como los árboles de donde caen, y el ansia y la angustia semillas que no tardan en germinar...

Así daba lugar al final de la Primera Edad del Mundo, la de los Dioses, y se daba paso a la Segunda, la Edad de los Elfos...

   

 

La Batalla del Juicio

 

 
       
       
 

Llegan los Doce Navíos de los Elfos

 
 

Tras las Guerras de los Dioses, tras éstos ser exiliados de Mawol por quien los hubo creado, llegaron los primeros pobladores al Mundo. Entre ellos, los elfos, y ya éstos amaron a la Luna, sin saber que el astro era un presente que no sólo ellos desearían...

De entre todas las criaturas que poblaron el Mundo, las más grandiosas fueron los elfos, también los primeros en llegar, y ya desde un principio se maravillaron con la noche y su intrigante oscuridad...

Fueron Doce los Navíos que los Dioses pusieron en el Mundo, rumbo a la gran isla, cada uno representando a cada una de las Altas Estirpes de los Elfos, hecho que más tarde influiría en la historia del Mundo. Fue en la Balada de Berenice donde se habló de ellas por primera vez, aunque su cuento fue otro, llamado los Doce Navíos Elfos.

Se dice que el documento recogió acerca de la llegada de los Doce Navíos a la Tierra de Aradán. En ese cuento, se habló de las peleas y los tiempos de paz que vivieron y sufrieron los elfos, durante la Edad de los Elfos e incluso después durante la de los Hombres...

Los Doce Navíos Elfos llegaron a la isla, y la habitaron. Los primeros fueron los elfos de Assëe, y Aradán fue el primero en tocar tierra, por ello se le puso su nombre a la isla: la Tierra de Aradán. Tras ellos, los elfos de Avanissián llegaron, y tras éstos los de Hirinen, que no llegaron a desembarcar, marchándose hacia el lejano continente que llamaron Hiria. Así fue que los terceros en la isla fueron los de elfos de Cardonón, los hechiceros, seguidos de los de Yandalath, que se ocultaron por mucho tiempo, y continuaron navegando hacia el norte, hasta otra tierra, la de Elhada, para más adelante regresar... Los elfos de  Quivarén llegaron a las altas montañas de la isla, y allí permanecieron una larga temporada ocultos. Después los demás fueron llegando: los de Gelidén, Menedhrassé, Anaereá, Laentis-Anne, Firindain y lo elfos de Barafundär, los últimos.

 
 

 

La Balada de Berenice

 

 

 

Los Doce Navíos Elfos

 

 
 
 
       
       
 

Desde los primeros días de los elfos hasta pasados unos diez mil años

 

Se celebra el Primer Concilio de los Elfos

 
 

Los primeros tiempos de los elfos en la isla fueron de exploración y prosperidad. Grandes culturas se forjaron entonces. Los elfos de Avanissián, tras encontrar a los de Assëe, se marcharon hacia el norte. Aván y Aradán se hicieron grandes amigos, y por aquel entonces nació Eleanor, hija de Aván y Aladea, que marchó con su padre.

Edön, Primero de Cardonón, descubre la Magia. Algunos contaron que había hecho un pacto con un Dios, y que éste la había desatado en el Mundo. Edön fue uno de los más grandes hechiceros que conocería la historia.

Se celebra una cena en los palacios de Avanissián, donde Aradán, Aván, Edön y Gelidenos se encuentran y deciden reunir a todos los elfos. Allí se concibe el Primer Concilio de los Elfos. Esta reunión se llevaría a cabo un tiempo después, y a ella asistirían diez señores, por nueves Casas de los Elfos. Éstos fueron: Aradán, de Assëe; Aván, de Avanissián; Gelidenos, de Gelidén; Dallah y Allën, de Anaereá; Edön, de Cardonón; Baran, de Barafundär; Menedhros, de Menedhrassé; Anne, de Laentis-Anne; y Firin, de Firindain.

Firin, Primero de Firindain, talló entonces las nueve Flores de Madera, y entregándoles una a cada Casa de los Elfos.

En este Primer Concilio de los Elfos, la isla fue llamada por primera vez la Tierra de Aradán.

   
 
       
       
 

Aparece la Alta Estirpe de Quivarén, los Señores de los Dragones

 
 

Un tiempo después, los elfos de Anaereá, que ya se habían expandido por toda la isla, labrando sus tierras y alimentando rebaños, descubrieron la existencia de una nueva raza de elfos. Éstos eran los de Quivarén, que hasta ahora habían pasado desapercibidos en las montañas. Tres señores estaban a cargo de todos ellos, Líamo, Ikeo y Kalhia. Los llamaron los Señores de los Dragones, pues habían logrado entablar amistad con aquellas bestias, y las montaban majestuosamente.

Esta nueva Casa de los Elfos recibió con amistad al resto, y todos vivieron en armonía un tiempo. Éstos elfos convivían en las montañas con los dragones, y por ello maravillaron a todos.

   
 
       
       
 

Primera Incursión de Yandalath

Se abre el Caldero de la Sangre

 
 

Por el norte, del mar, llega Efgo, Señor de Yandalath, y desembarca en las costas de la Tierra de Aradán con un gran ejército. Lo acompañan algunos de sus hijos, y llegan con una clara intención: imponerse a los demás. Las diez Casas de los Elfos, que hasta ahora vivían en armonía en la isla, se ven amenazados por los de Yandalath, cuando comienza a adentrarse en las altas montañas por el este.

Al principio no declararon una guerra abierta, pero se fueron infiltrando en la isla, y apoderándose de tierras. Entablaron tratos comerciales con algunas de las Altas Estirpes de los Elfos, e incluso amistad con alguna otra... Pero la amenaza llegó a tal punto, que se envió una delegación militar a hablar con Efgo, de Yandalath. Ante él acudieron Aván, de Avanissián, Líamo, de Quivarén, y Edön, de Cardonón.

El elfo oscuro, indignado, les dijo que esa isla no era de nadie, y que él iba a donde quería. En ese momento comenzó realmente la contienda.

Efgo, a pesar de ello, se reprimió el impulso, y se mantuvo, sin continuar avanzando. Así, se ganó la confianza de Edön, y juntos abrieron el Caldero de la Sangre, un portal mágico a un lugar prohibido...

A las semanas de aquello, un tremendo ejército de la Alta Estirpe de Yandalath invadió por el noroeste las tierras de la Casa de Avanissián. La masacre fue contundente. El pueblo avanissinio se vio entonces en uno de sus peores momentos. Ahí fue cuando Aván acudió llorando al resto de Casas de los Elfos, y los convocó a una segunda reunión.

En aquel momento, Efgo se autoproclamó el Rey de la Tierra de Aradán, y por ende de todos los elfos...

   
 
       
       
 

Se celebra el Segundo Concilio de los Elfos

Se nombra Rey de los Elfos a Aradán

 
 

Cuando los elfos vuelven a reunirse, ya son trece señores por diez Casas de los Elfos. Se Sentaron a la mesa Aradán, de Assëe; Aván, de Avanissán; Edön, de Cardonón; Líamo, Ikeo y Kalhia, de Quivarén; Gelidenos, de Gelidén; Baran, de Barafundär; Firin, de Firindain; Anne, de Laentis-Anne; Menedhros, de Mennedhrassé; y Dallah y Allën, de Anaereá.

Hablaron largo y tendido. Algunos se increparon, otros pidieron auxilio, y al final tomaron una decisión que llevaría a grandiosas consecuencias. Los trece señores, ante la amenaza de los elfos de Yandalath, que querían apoderarse de todo, decidieron ir a la guerra. Y para combatir a Efgo, designaron su propio y legítimo Rey. Él sería el primer elfo en pisar la isla, aquel que llevaba su nombre, Aradán.

Éste, con el apoyo de muchos, y el desacuerdo de unos pocos, acepta. Edön de Cardónon oficia la coronación, y Aradán se convierte en el primer Rey legítimo de la Tierra de Aradán, y de todos los elfos.

Anne, de Laentis-Anne, abandona entonces la reunión, y se marcha con todos los suyos para siempre. Por largo tiempo habitarían al oeste de una tierra que se conocería mucho después como el Viejo Mundo.

Entonces dieron comienzo las Guerras de la Sangre...

   
 
       
       
 

Por los siguientes cinco mil años...

 

Comienzan las Guerras de la Sangre

 
 

Efgo, con el poder del Caldero de la Sangre, se enfrenta a Aradán, comandando al resto de elfos. Las guerras son muy duras, y se cuenta que la tierra se tiñó de sangre elfa. Aquel tormento duró muchísimo, y el resultado fue devastador...

Durante las brutales luchas, cayeron algunos de los grandes elfos de aquel tiempo. Murió Aván, de Avanissián, peleando valeroso contra Örlogo, uno de los hijos de Efgo de Yandalath; y Tharen, hijo de Gelidenos, Primero de Gelidén, que también murió luchando contra la Hueste Sombría de Örlogo. Algunos pueblos fueron arrasados casi por completo, tal fue el caso de los elfos de Gelidén, los de Anaereá, o los de Cardonón. Los primeros decidieron partir, de hecho, de la isla, por miedo a tal holocausto. Por su parte quedó Gelidenos, retrasando el avance de Örlogo, bajo el cual terminaría por sucumbir. Gelidenos se ocultó entonces y a partir de ahí viviría como un hermitaño.

Los elfos de la Casa de Menedhrassé se llevaron, tal vez la peor parte. Menedhros, Primero de la Casa de los elfos marinos, no prometió ayudar a los demás elfos en la guerra, pues debía consultarlo con su familia. Ocurrió que durante aquella reunión familiar, una asesina de Yandalath los mató a todos. Cristófitos, uno de los dos hijos de Menedhros que sobrevivió a aquello, marchó a la guerra en representación de la Alta Estirpe, pero murió a manos de Hiligar, el Corrupto. Éste último murió también aquel día luchando.

Baran, Primera de la Alta Estirpe de Barafundär, no quiso ir a la guerra, pero por su amistad con Aradán, terminó aceptando, y partió a luchar con él con una hueste de guerreros del bosque. Ocurrió que durante una gran batalla, en que estaba además presente Aradán y otras personalidades, Baran murió bajo el filo de Lándaro, el menor de los hijos de Efgo, de Yandalath. Tras aquello, los elfos de Barafundär se marcharon de la isla para siempre. Navegaron lejos y fundaron su reino en un frondoso bosque de otra tierra...

Firin, Primero de Firindain, mandó a su hijo Anthor a luchar bajo el emblema de Aradán. Pero no tardó en morir valeroso en batalla. Entonces Firin envió a Lothos, el Alfarero, acompañado de su hijo Assär. No marcharon juntos. Lothos comandó a una gran hueste, y Assär a un destacamento menor, que se asignó a los ejércitos de Kalhia, de Quivarén. Éstos, decisivos en la contienda, acabaron con Örlogo y su Hueste Sombría, abriendo paso a las tropas de Aradán, un movimiento que fue decisivo. Al poco de aquello, antes del fin de la guerra, Lothos, padre de Assär, e hijo de Firin, de Firindain, murió combatiendo.

Al final, los ejércitos de Aradán acorralaron a las huestes de Efgo, de Yandalath, y se libró la última batalla de las Guerras de la Sangre. Fue una batalla a muerte entre elfos. Aquel día moriría Lándaro, el menor de los hijos de Efgo, de Yandalath, a manos de Aradán, que lo buscó hasta vengar a Baran, de Barafundär. Efgo luchó bien, y fue muy despiadado. Cuando se encontró frente a frente a Edön, de Cardonón, evitó matarlo, por respeto a su antigua amistad, y aunque lo hirió, no le dejó morir. Aradán acudió al momento, y Edön lanzó un poderoso hechizo sobre su bastón, que le ayudó a derrotar al elfo oscuro. El bastón de Aradán golpeó con tal fiereza el suelo, que en la tierra se originó todo un terremoto que partió la isla en incontables pedazos...

   
 
       
       
 

La Tierra de Aradán se rompe en incontables islas

Terminan las Guerras de la Sangre

 
 

Con la energía del hechizo desatada, la Tierra de Aradán se partió, quedando en su lugar todo un archipiélago. Efgo fue derrotado, y expulsado de aquellas islas, que huyó a refugiarse a las Tierras de Elhada. En aquella última batalla estaban presentes, además de Aradán y Edön, Líamo, de Quivarén y Assär, de Firindain.

Tras la partida de Efgo y la retirada de todos los elfos de Yandalath, volvió la paz a las tierras de los elfos, que ahora eran un archipiélago sumido en el desorden.

Para ese momento, ya sólo quedaban siete de las Altas Estirpes de los Elfos en las islas: la de Assëe, la de Cardonón, la de Avanissián, la de Menedhrassé, la de Firindain, la de Anaereá, y la de Quivarén.

   
 
       
       
 
Se celebra el Tercer Concilio de los Elfos en la Torre Estrella
 
 

Tras las Guerras de la Sangre, los elfos volvieron a reunirse, con el fin de establecer un orden tras todo lo sucedido. La reunión aconteció en Garn-Ithil, la Torre Estrella, residencia de Eleanor, de Avanissián, y su familia. Allí acordaron entre los presentes, repartir las nuevas tierras tras el cataclismo. Así, siguiendo el criterio de que el Rey sería el primero en pisar la tierra, Aradán fue nombrado Rey de Ithirian-Dar, la isla más al sur, pues allí fue donde arribara al comienzo de sus días. Eleanor, hija de Aván, de Avanissián, fue nombrada Reina de la mayor de las islas, y junto a Aradán, lloró la muerte de su padre.

A Ikeo y Kalhia, de Quivarén, se le dio el gobierno de Sa Dragonera, al oeste del archipiélago, donde se levantaban las antiguas montañas. A Líamo, de Quivarén, se le dio el reinado sobre la isla de La Ildangarda. Entonces se fundó la Dinastía de Lao. El pueblo de Quivarén se enemistó entonces, y para siempre.

Edön, de Cardonón, al saberse Rey, abdicó en sus dos hijas, dándole a Asdida, la mayor, el basto reino que formaban las incontables islas del que aun no se llamaba el Mar de Eleanor. A la menor, Alaya, le dio el reinado sobre una única isla, y allí con ella se recluyó.

Se nombró además Rey de los elfos de Firindain a Firin, que lo aceptó afligido tras perder a dos de sus hijos en la contienda.

Las Altas Estirpes de Anaereá y de Menedhrassé no fueron tomadas en cuenta en la repartición, y no se nombró a ningún Rey de tales familias de elfos.

Los demás elfos se habían marchado de lo que una vez fuera Aradán, que pronto pasaría a llamarse los Reinos Elfos de Eleanor...

   
 
       
       
 
Continuará...
 
 

 

   
 
 
 
 

La Edad de los Dioses

 
  La Edad de los Hombres  
 

 

 

 

     
Mi Blog | Fuentes | E-mail me
Volver al Inicio