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(. . .)
- ¡¿Qué
hacéis con mi equipaje, ladrón?!- Gruñó el enano
entre una espesísima barba grisácea que le
colgaba ocultando sus partes.
- No soy
un ladrón, señor. Soy el heraldo de Durward, y
me dirigía al Castillo de Urq’Uhart cuando os he
encontrado...- El joven calló un segundo, y
retrocedió al aproximarse el enano, que comenzó
a vestirse. Hacía mucho frío, pero él no parecía
quejarse de ello, sino más bien por la invasión
de intimidad.- Temí que el lago... Que no
siguierais con vida, señor.
- Los
hombres sois todos unos estúpidos arrogantes. ¡Y
unos racistas!- Pasó la cabeza por la cota de
malla y se la ajustó.- ¿Pensabais que por
tratarse de un enano no sabría nadar...? ¿Qué me
habría ahogado?- Terminó con sarcasmo.
- No...
No osaría...- El joven se trababa al hablar. La
verdad es que ese enano tenía un aspecto muy
rudo, pero se le veía anciano, incluso para
alguien de su raza. Y, a pesar de acabar de
bañarse, apestaba a cerveza rancia. Parecía
fuerte, aunque en sus últimas andanzas... Le
asustaba esa tremenda hacha, pero dudaba de si
sería capaz de usarla. Era más fuerza escapando
por la boca, que músculos tersos. Un enano en
declive, menguante, si es que puede atribuírsele
eso a un enano sin ser irónico.- Señor, vi
vuestras pertenencias, y temía que alguien
hubiese echado a nadar al lago... Y mi temor no
es que os ahogaseis... Cuentan que en este lago
habita un terrible monstruo... Y dada la
escena... Pensé...
- ¿Un
monstruo, decís?- Le interrumpió el enano. Su
cara había cambiado de expresión. Sus ojos
estaban más receptivos, y hasta una sonrisa
hambrienta asomó un segundo.- Entonces debo
presentarme. Soy Halkirk, pero me conoceréis
también como el Castigo de los Monstruos.-
E hizo una reverencia absurda, de tal modo que
el hacha a su espalda casi le da al joven
heraldo en la cara.
El chico
había oído ese nombre antes. El Castigo de
los Monstruos. Era un personaje de leyenda,
contado por sus padres, los cuales lo habrían
oído de sus abuelos, y éstos, tal vez, de algún
trovador ambulante... De él se contaba que había
derrotado a las más horrorosas bestias; que
había liberado princesas de altas torres llenas
de fantasmas; que había cazado a los animales
más dispares en las tierras más lejanas; que
había bajado a los infiernos en busca de
demonios, y que había salido airado de tales
encuentros... De su niñez, el chico recordaba
una de las historias en concreto, aquella que
hablaba de cómo el héroe conocido como el
Castigo de los Monstruos había librado a un
pueblo remoto de un gigante que oprimía a la
población... Pero... ¿aquel personaje era el
héroe de leyenda? No podía ser. El que tenía
delante era un enano acabado. Un viejo incapaz
de blandir semejante filo. Un borracho
desterrado del misticismo de las leyendas, el
legado de una vida de fracaso... Su barba
enmarañada, y ahora empapada, le colgaba sobre
la cota de malla, y después sobre el faldón a
cuadros, casi hasta los pies. Y cuando se colgó
el petate, aun descalzo, dio la impresión de ser
un vagabundo o un mendigo itinerante...
El joven
heraldo se hecho a reír. No pudo evitarlo.-
¿Vos, el Castigo de los Monstruos?-
Menuda carcajada. El enano comenzó a refunfuñar
en su lengua, mirando al enano y al lago, al
suelo, al cielo, y en todas direcciones,
gesticulando amenazas tras la ofensa.- Bueno, mi
legendario guerrero, lo propio es que me
conozcáis: soy Donan, heraldo de Sir Thomas...-
Se detuvo un segundo interminable, con la boca
abierta.- Del difunto Sir Thomas de Durward,
Señor de Urq’Uhart, Conde de Atholl y de Mar, y
Señor de la lejana Región de Bolsover.- El
heraldo no se molestó en hacer una reverencia,
como si tal título fuese más suyo que de su
señor, y se sintiera en desventaja respecto al
guerrero.
Fue
entonces cuando se echó a reír el enano.- ¡Sois
un simple heraldo! Y me habláis como si
ostentaseis tales títulos... Hombres... Cómo os
gusta hablar por hablar sin decir nada, y
presumir de títulos que habéis creado entre
vosotros...- Y continuó riéndose. El joven no
supo reaccionar. ¿Qué habría querido decir con
eso?- Heraldo, voy en busca de un monstruo al
que dar caza. Una presa para matar. Una victoria
más para añadir a la cámara subterránea de mis
antepasados... Tenéis delante a quien os librará
de la bestia que duerme en las profundidades de
este lago. Seréis testigo de su derrota, y de mi
ansiado triunfo. Gustoso os ofrezco el honor de
procurar tal testimonio.- Y repitió la
reverencia.- Pero antes, dime heraldo, háblame
de tu ciudad, de ese castillo al que te has
referido como... Urq... ¿qué?
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Extraído de El Castigo de los
Monstruos |
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El Duende, la Doncella y el Monstruo del
Lago |
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Memorias Olvidadas |
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Darka Treake |
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El Duende, la Doncella y
el Monstruo del Lago |
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Memorias
Olvidadas |
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Darka
Treake |
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2008 |

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Este libro
esta disponible, además de en
formato
eBook, en
Mi Tienda Online, para
recibirlo en su forma
tradicional de papel. |
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Supe de este cuento en Escocia, durante ese
viaje de sueño recorriendo castillos, en
marzo de 2008, en ese país mágico está
inspirado. Y fue escrito en Palma de
Mallorca a la vuelta. |
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Ha sido editado en Palma de Mallorca en
septiembre de 2009. 3 ejemplares han
quedado en nuestro mundo de esta
leyenda... |
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Lista de capítulos |
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El Castigo de los Monstruos |
| El
castillo sobre el promontorio |
| El
duende y el alguacil |
| El
monstruo del lago |
| Las
ruinas del pasado |
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| Epílogo |
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