Tras la Batalla del Juicio, cuando dieron fin las Guerras de los Dioses, comenzó la Edad de los Elfos. Doce Navíos fueron puestos en el mar, cada uno con las diferentes Altas Estirpes de los Elfos, que llegaron a la Tierra de Aradán. Mucho tiempo pasaron gobernando el mundo desde ahí... Hasta que su tiempo terminó, dando paso al de los Hombres...

Las Guerras de la Luna

  Alta Estirpe de Quivarén, los Señores de los Dragones
     
 

La Alta Estirpe de Quivarén llegó a la costa occidental de Aradán, allí donde termina en altos acantilados, al pie de las más altas montañas de lo que fue la isla. Un tiempo pasó el navío en un puerto natural, entre riscos y escarpadas navajas de roca que surgían del mar. Lo llamaron el Palacio de Roca. Cuando consiguieron escalar los altos acantilados se maravillaron con las tremendas montañas. Ascendieron hasta sus cimas nevadas, y por un tiempo ahí convivieron.

Tres de ellos llegaron a la cima de los acantilados: Líamo, Ikëo y Kalhia. Nunca se pusieron de acuerdo con quien llegó primero, aunque al principio eso no les importó.

Vivieron en lo alto de las montañas, ajenos al resto de elfos, sin siquiera plantearse si habría alguien más en aquel mundo al que habían llegado. Allí se encontraron con los dragones, quienes les enseñaron a cuidar las montañas, pues no eran un bien que perteneciera a nadie. Los elfos de Quivarén y los dragones entablaron gran amistad. Más tarde por ello serían bien conocidos, y admirados. En cruentas guerras debieron montar a sus hermanos dragones para marchar a la batalla...

Pasó un tiempo en que los elfos y los dragones convivieron en armonía, hasta que éstos les advirtieron que habían visto a otros elfos más allá de sus montañas. Se trataba de la Alta Estirpe de Anaereá, y el encuentro entre ambas civilizaciones fue bueno. Los Anaereanos eran otros elfos que también habían llegado del mar, y que se estaban esparciendo por toda la isla. Según dijeron, había muchas otras razas de elfos que también habían llegado a la isla.

El descubrimiento fue increíble... Los elfos de Quivarén se dieron a conocer por los demás, recibiendo una buena acogida, pero jamás abandonaron sus montañas. El resto de elfos se maravillaron con sus dragones, aunque la mayoría los temieron.

 
Extraído de La Alta Estirpe de Quivarén, los Señores de los Dragones
Memorias Olvidadas
Darka Treake

 
     
     
     
 

 

   

   
         
 

Alta Estirpe de Quivarén, los Señores de los Dragones

 

 

 

       
       

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