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La
Alta Estirpe de los Elfos de Hirinen los llamaron los Olvidados. Ellos fueron
los terceros en arribar a Aradán, aunque bueno, tal título es honorífico, pues
jamás llegaron a desembarcar en la gran isla. Se cuenta que cuando el navío
capitaneado por Hirin, de Hirinen, avistó a otro navío, el de Aván de Avanissián,
lo persiguió cauteloso, hasta que éstos llegaron a la Tierra de Aradán. Al
verlos desembarcar, pensaron que aquellas costas les pertenecerían, y por no
rivalizar con ellos ni con ningún otro, navegaron alejándose de la isla.
Surcaron los
grandes océanos del mundo durante muchísimo tiempo, librando tempestades y
vientos desfavorables, hasta avistar una costa que ya jamás abandonarían.
Al principio
creyeron que se trataba de una gran isla, salvaje y virgen, pero a medida que la
iban explorando descubrieron que se trataba de un inmenso continente. Éste
estaba completamente cubierto de bastas junglas y altas cadenas montañosas. Fue
un lugar encantador con el que se maravillaron, y del que hicieron su hogar para
siempre. Terminaron ocupando todo el continente, hasta el sur, donde, tras unas
altas montañas, se extendía todo un desierto, al que llamaron del Silencio.
Todo el
continente fue suyo, un basto reino que logró permanecer aislado del resto del
mundo, según dijeron, los hombres del viejo continente nunca alcanzaron sus
costas. Hirin, desde un primer momento trató de mantener aquellas tierras a
salvo, y toda una floreciente cultura creció allí por muchísimo tiempo. A todo
aquello lo llamaron Hiria, y en su corazón levantaron una hermosa ciudad,
llamada así mismo. Desde el palacio de Hiria, la Alta Estirpe de Hirinen, los
Olvidados, reinó con respeto, y jamás en decadencia.
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Extraído de La Alta
Estirpe de Hirinen, los Olvidados |
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Memorias Olvidadas |
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Darka Treake |
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